Por Ignacio Ladrón de Guevara
La Global Sumud Flotilla se prepara para partir de nuevo, rumbo a Gaza, con ayuda humanitaria internacional. Este domingo, cientos de personas han acudido al Puerto Viejo de Barcelona para despedir a las primeras 41 embarcaciones, aunque estas no zarparán hasta mediados de la semana que viene, dependiendo del estado del mar. La iniciativa busca llevar medicamentos, alimentos, material educativo y personal sanitario y técnico a la Franja, además de, según destaca la organización, poner el foco en la situación de asedio que vive el enclave palestino y desafiar el bloqueo marítimo impuesto por Israel. Aunque la flotilla sale este domingo del Port Vell, los preparativos llevan meses en marcha y los organizadores han decidido retrasar la salida definitiva mar adentro unos días. El objetivo: evitar la salida fallida del año pasado, cuando los barcos tuvieron que volver por mal tiempo. Esta vez, las embarcaciones saldrán hacia otra localización secreta para una parada técnica: repostar combustible, cargar más ayuda y esperar condiciones favorables de viento. La previsión es zarpar el martes o el miércoles, siempre que las condiciones lo permitan.
Cientos de personas han acudido al puerto a despedir a las 41 embarcaciones que salen de Barcelona; entre ellas, el barco de la ONG Open Arms y el Arctic Sunrise de Greenpeace. Según la organización, la flotilla final superará los 70 barcos (el doble que la anterior, en 2025) y los 3.000 participantes, que se irán incorporando desde otros puntos del Mediterráneo —sobre todo Italia, Grecia y Turquía—, en lo que describen como el mayor intento de entrada en Gaza por mar hasta la fecha.
En octubre del año pasado, Israel puso fin a una misión similar interceptando a los integrantes de la flotilla, de forma ilegal, en aguas internacionales. Las autoridades israelíes mantuvieron detenidas varios días a decenas de personas, entre ellas 26 españoles, en condiciones penosas hasta que fueron liberadas. Como entonces, en la nueva flotilla también viaja un reportero de EL PAÍS.
Además de ser la misión más grande en número de barcos, personas y países, la Global Sumud cuenta con casi 1.000 trabajadores del sector sanitario —enfermeras y médicos— que buscan ayudar a un sistema de salud gazatí que está devastado. Israel mantiene un bloqueo marítimo sobre Gaza desde 2007, que justifica por motivos de seguridad para evitar el ingreso de armas, una medida ampliamente cuestionada por organizaciones internacionales. “Los barcos que salen son portadores de la esperanza del retorno”, dice Rihab Charida, documentalista e historiadora palestina que ha participado en cuatro ediciones de la flotilla en los últimos años. Cada embarcación lleva el nombre de un pueblo ocupado por Israel durante la Nakba —el desplazamiento forzado y asesinato de miles de palestinos entre 1946 y 1948— y exhibe sus símbolos: banderas palestinas, anémonas (resiliencia), ramas de olivo (paz) y llaves de viviendas abandonadas (derecho a regresar). La nave nodriza Safsaf incorpora obras pintadas a grafiti de la artista anónima Laika 1954. Este barco comparte nombre con la aldea donde murieron 21 familiares de Charida en los años cuarenta. Su abuelo, entonces de nueve años, logró escapar por una ventana.
A la delegación saliente se suman el Arctic Sunrise, de Greenpeace, y el Open Arms. El primero dará apoyo técnico y mecánico para evitar averías que obliguen al retorno de naves, como ya ha ocurrido en otras ediciones. El segundo, especializado en rescate marítimo, cuenta con una enfermería y almacenará comida para el viaje. En 2024, este mismo barco logró romper el bloqueo marítimo de Israel. Saif Abukeshek, residente en Barcelona y uno de los líderes del movimiento, reconoce que “existen riesgos” durante el viaje, que podrían “aumentar” por el conflicto abierto en Oriente Próximo. Por ello, los voluntarios reciben regularmente un informe de seguridad hecho por una consultora independiente. Además, días antes de salir, los participantes novatos tuvieron que hacer un entrenamiento intensivo en la capital catalana. Allí aprendieron a gestionar sus emociones y ensayaron escenarios simulados para responder de forma pacífica a una eventual interceptación israelí.
Un caso especialmente relevante es el del barco Mavi Marmara. En 2010, la embarcación que intentaba alcanzar Gaza fue interceptada por Israel con fuego letal. Murieron diez personas. El episodio sigue presente en esta expedición: entre los participantes viaja una delegación de Turquía, con varias personas vinculadas a las víctimas de aquella misión. Desde su llegada a Barcelona, cantan cada día, con voces graves y acento cerrado, un coro que los miembros de otros países no entienden pero sí conocen: “Kahrolsun İsrail, Filistin’e özgürlük”; en español, “Abajo Israel, Palestina libre”.
El Parlamento israelí aprobó en marzo una enmienda temporal a la ley de entrada al país para acelerar la deportación de los activistas extranjeros que intentasen llegar a la franja de Gaza y fueran interceptados en aguas internacionales por Israel. Con esa modificación, tras ser capturados, los integrantes de las flotillas pueden ser expulsados en un plazo de solo 24 horas, frente a las 72 que establecía la normativa anterior. En otras ocasiones, algunos integrantes han tenido que esperar semanas detenidos a la espera de resolución.
A pesar de los riesgos, la organización de la flotilla ha decidido “no esperar”. Considera que el alto el fuego decretado en octubre del año pasado no ha detenido lo que define como genocidio de Israel en Gaza. Tampoco ha permitido la entrada suficiente de ayuda, a pesar de que el 92% de las viviendas están dañadas o destruidas y que 60.000 niños sufren malnutrición generalizada y requieren tratamiento urgente, según un informe conjunto publicado el jueves pasado por las ONG Oxfam, Save the Children y Refugees International.
Mansour Shouman, médico que salió de Gaza hace tres meses y ha estado presente en el lanzamiento de la flotilla, afirma que es urgente levantar el bloqueo para que se pueda reactivar el sistema sanitario. Israel, denuncia, “está matando al pueblo palestino al no permitir la reconstrucción de hospitales porque no pudo destruirlo con las bombas”.
Al igual que en 2025, el movimiento impulsa en paralelo un convoy terrestre. A diferencia del anterior, este no solo está enfocado en ayuda y apoyo logístico a la flotilla desde tierra, sino que también transporta medicamentos, materiales de construcción y viviendas móviles a través del paso de Rafah. El recorrido pasará por Mauritania, Argelia, Túnez y Libia, y pretende entrar por Egipto.
La Global Sumud Flotilla se articula a través de múltiples delegaciones nacionales, alimentadas a su vez por distintos subgrupos y colectividades. La mexicana Paulina del Castillo participó por tierra en el intento anterior de llegar a Gaza y hoy se embarca en representación de colectivo de Puerto Vallarta llamado Bahía Palestina. “En México la gente empieza a darse cuenta de que los altos el fuego no son reales”, remarca. Además de difundir información, el grupo organiza colectas para apoyar a la flotilla.
La organización también cuenta con una extensa red de contactos locales en las ciudades desde las que zarpa: voluntarios que llegan de otras partes de Europa y de varios países angloparlantes para ayudar a coordinar desde tierra y preparar las naves. También hay anfitriones que reciben en cada puerto a los voluntarios de todo el mundo. Es el caso de Abdul Yousef, sirio que llegó a Barcelona hace 50 años huyendo de la dictadura de Bashar al Asad.
Esta versión de la flotilla no cuenta con personalidades mundialmente conocidas, como en la edición pasada, en la que viajaban la activista Greta Thunberg o el actor irlandés Liam Cunningham. La estrategia en esta edición pasa por intentar llegar a Gaza mediante la saturación de la capacidad de respuesta israelí, con más de 70 embarcaciones, casi el doble que en la expedición anterior.
Por
Ignacio Ladrón de Guevara
El Pais